REVISTA CARACOL NOCTURNO
Padrino · 6 poemas
Mario Montalbetti2023: Año del país como un decir.
Poesía
con cada muerte me vuelvo más lento
Mario Montalbetticon cada muerte me vuelvo más lento
menos elegante y me recuesto en piedras
que son cráneos dormidos en el desierto
mi lengua está tatuada de sed
y las tormentas caen como flores
que caen de otro planeta
por fin el fin que no admite comienzos
o esta redención
entierro mis ojos
estudio mis manos mis uñas
son rabia fosilizada
Poesía
nada es el amor durante el amor
Mario Montalbettinada es el amor durante el amor
tienen los brazos enlazados y sus cuerpos pálidos están envueltos
en las sombras intermitentes del ventilador
viven en la oscuridad durante el amor
y están y no están en sucesión
en ningún lugar y en el polvo
arrojados del desierto
respirando en el catre lo que el aire desecha
se besan con labios partidos por la sequedad se lamen
lunares dibujados por el espejismo y el sudor
excavaron toda la mañana
hoyos circulares junto a osamentas de buitres incompletos
y también ahí encontraron los jóvenes arquéologos
el íntimo intercambio de heridas y de besos
lavados por la arena devastada por la arena
nada es el amor durante el amor
igual se amaron toda la tarde para estar solos
y el amor fue distinto al paso de la medianoche
han dejado la tienda de campaña
y han encontrado habitación en el viento
que el viento no puede derribar
Poesía
llevo dentro el desierto astros linchados
Mario Montalbettillevo dentro el desierto astros linchados
caballos que comen caballos
por eso observo tus labios esperando la palabra
que has estado pronunciando todo este tiempo
di la di la dila nuevamente
todo está más arriba o es más duro o más abajo
nada está en su lugar o no hay lugar para lugar
la di la di ¿la dirás nuevamente?
Poesía
lentos desastres son estos cantos de amor
Mario Montalbettilentos desastres son estos cantos de amor
esta montaña gris o esta bola de acero
este ascenso inesperado a 5000 metros
el vago huayno que me trajo hasta aquí
describe lechuzas negras y amores cortos
ensangrentados
ver en la oscuridad o a través de ella
caer de aviones
danzar al son de once arpas afiladas
el altiplano me debilita / nunca estuve ahí
nunca estuve ahí
ese ichu inerrante o esta mesa turquesa
esta muerte no es muerte
cómo será tirar a 5000 metros
estrangulado por el aire raro
o por el vómito de un ave carbonizada
nunca estuve ahí
nunca estuve ahí
nadie está bien
esta débil precocidad de la sinrazón
este vado
este viento que otras bocas chacchan
más voraces y más insanas
nunca estuve ahí
Poesía
persistencia del cólico de los árboles
Mario Montalbettipersistencia del cólico de los árboles
ramas negras contra el cielo dorado
y el invierno sobre el invierno
el tiempo transfiere su ponzoña al paraje
los sueños nos despiertan picoteándonos los ojos
persistencia del cólico de los océanos
el primer sonido es un eco del último
peces de agua dura rellenan los desiertos submarinos
siete pozos son los siete días y veinticuatro
muelas las horas decapitadas por la marea
persistencia del cólico del fuego
naufragio de las hojas de té en agua hirviendo
una pared blanca con cien sombras que danzan
entre lluvias secas un fandango sangriento
él muere ella murmura y muere
persistencia del cólico del colibrí
por eso mira fijamente a la muerte en los ojos
y le hinca el pico afilado hasta dejarla exangüe
y transformarle sus oscuros humores
en néctar absurdo que sólo la adicción redime
persistencia del cólico de los perfumes
llevo en atados aromas sombríos que emanan de la tierra
Poesía
este es el verso en el que la sangre se vuelve vino
Mario Montalbettieste es el verso en el que la sangre se vuelve vino y el paraíso metrópoli
y la daga imaginaria se clava sobre pechos mojados
este es el verso en el que entro al pueblo
y pregunto por ella y por un bar llamado el patio
todos volteamos hacia el mismo lugar todos cometimos el mismo error
caminé por estos versos para olvidar tormentos y sentí un alivio pasajero al ver
jacarandás en flor
pero luego todo volvió de golpe y no pude sino escupir sobre estas calles
en este verso llueve como lloverá en el último otoño
por fin el actor no es el héroe por fin no hay nada que entender
en dos días llegarán al sur privado de sur
los caballos ya se esconden en las acequias afiebrados
en este verso no se puede seguir
este es el verso en el que no se puede
(de Fin desierto y otros poemas)
Madrina · 3 poemas
María Ángeles Pérez LópezMaría Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967). Poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca. Antologías de su poesía han sido editadas en Caracas, Ciudad de México, Quito, Nueva…
Poesía
La mujer pinta sus pies de rojo y se descalza
María Ángeles Pérez LópezLa mujer pinta sus pies de rojo y se descalza.
Bajo su ropa, el cuerpo es transparente
y lo atraviesa el tiempo y sus cristales.
Cuando se mueve ausente de sí misma
y se disuelve blanda en el acopio
del vértigo que trae la atrocidad,
se borran los colores de su cuerpo,
medusa oleaginosa e invisible
que precipita el agua y el dolor
soltando en escorpiones la mañana.
Por eso se rebela contra el blanco,
inventa otro mar rojo y su prodigio,
el corazón abierto y mercurial.
Con la sangre rojísima y alegre
de la barra encendida de carmín
pinta un hígado tierno en el exacto
milimétrico lugar para su hígado.
Sobre el pulmón, dibuja otro pulmón,
el hueso peroné sobre su pierna
y sobre ella, un bisonte que no muere.
Para la aorta, un hilo muy delgado
por el que corren potros y hematíes,
en la yema del dedo principal
un caracol valiente y diminuto
que avanza de aeropuerto en aeropuerto
y jibariza el miedo, los desastres.
Y en la matriz, el mar y sus campanas.
Sobre su cuerpo blanco de dolor,
translúcido en el tiempo desolado
de las flores que mueren sin aliento,
pinta un cuerpo completo, enrojecido
como un sol vegetal e imprescindible.
(de Atavío y puñal, Olifante, 2012)
Poesía
El caracol nace desnudo
María Ángeles Pérez LópezEl caracol nace desnudo. La mujer
también está en el mundo sin amparo
y fabrica su tiempo, su fricción,
su espiral contraída y estirada
que mueve lentamente sobre el suelo.
Para hacerla avanzar, ambos comparten
un inmenso pulmón estremecido
que empuja los deseos y los días.
Y cuando se deslizan blandamente
no rasgan ni suturan, no interrumpen
la amarga superficie de las cosas.
Su caminar es firme y silencioso,
una línea de luz que reverbera
del amor de las hojas escondidas
y crece expansionando su espiral,
su carnadura pétrea, el logaritmo
que endurecen el calcio y el vivir.
Tan solo tienen miedo en los jardines
donde se esconden huesos apaleados
de mujeres que fueron apaleadas,
donde hay sombrías formas con que el mal
pisoteó el coraje curvilíneo
y blandió los herrajes, la tortura.
Pero en los días más dulces del otoño,
el caracol desnudo y la mujer
conspiran a favor de lo visible
y anotan levedad, benevolencia.
(de Jardin[e]s excedidos, Lema d'Origem, 2018)
Poesía
Hijo mío, Telémaco de mí
María Ángeles Pérez LópezHijo mío, Telémaco de mí, metáfora caliente que no cesa y moviliza el sol de los fragmentos. Como si sostuvieses todo en tus veinticuatro costillas y sobre ellas aleteara el esternón. Varias son verdaderas pero, ¿qué significa la palabra verdad, su condición de cartílago que no puede auscultarse? Debo poder decirla en tu tormenta, la galopante estatura que me excede.
Y siguen sucediéndote costillas. Algunas son flotantes, igual que flotas tú cuando logro soltar lo correoso, lo reo en la carilla articular porque ambos exudamos el lenguaje aunque sea tropezando en cada códice, pegajoso el talón en cada códice. He mojado en placenta los dedos con que escribo. Tú lo has de saber, me viste pronto, habría querido lamerte entero en el momento en que naciste, arrancado de urgencia a una caja de cristal que golpeaba la luz.
Pensaron que correspondías al reino de lo diferido. ¿Estaban obligadas tus costillas a saber, incluso desde antes, que los pulmones no habían madurado? Se dice madurar los pulmones, se dice desazón, incandescencia, la lámpara encendida sobre ti. Conté entonces 24 de 7, la tarea imperiosa de la vida que no puede apagarse en ningún dispositivo. Desde su acá, tu sangre me recorre y moviliza el sol de los fragmentos. Eres eso que masco y me conduce, la pieza de metal que dirige a las yeguas.
Telémaco, regálame tu nombre y yo te arrancaré la expiación, el mandato de ser y de acallarme. Mi abovedado claustro en la matriz, voy y vuelvo desde ella a componerte: a ambos nos incumbe por igual, hijo mío de mí. Parecería que ha sido al revés, que te he portado en las escasísimas 32 semanas en que fui un ser andrógino y perfecto pero no puedo recordarlo de ese modo. Me unges de tu ser, me constituyes. Y en este amor extremo e inaccesible, te pido que me llames la que lucha a distancia.
Ninguno de los dos guarda silencio, a veces nos gritamos, habremos de venir de planetas distantes, desconozco el nombre de tu constelación, tal vez seas Pegaso o la nave de Argo mientras buscaba el vellocino de oro. No sé cómo me llamo si no estás. Tu altura rivaliza con la mía. Sin embargo nada he de reprocharte, no era tuya la orden de silencio aunque canten su asfixia todos los expedientes, la vida en su violencia empecinada, esa caja torácica y caliente que no cesa. Sé que soy tu esqueleto como tú eres el mío, esa caja caliente que no cesa.
Insisto en que me llames la que lucha a distancia. ¿Distancia de los tantos legajos, la larga espera de los relatos épicos? ¿Distancia de tu primer cigarrillo a escondidas, de la masturbación que te sorprende? Dicen que estuvimos esperando veinte años pero yo solo recuerdo cuarenta días en el hospital, la sonda nasogástrica, el microclima atroz de neonatología, tu piel tan delgada que un soplo de mi propia respiración podía desollarte, mi pequeño Telémaco de un kilo trescientos, las uñas sin formar, el pulmón inmaduro. El riesgo en tus retinas, el colapso de uno de los hemisferios cerebrales, la doble hernia inguinal de un abdomen que no supo sostenerte. Y una portilla de acceso hasta ti que solo permitía mi temblor. Telémaco de antes, de ese entonces, mi prematuro casi transparente.
¿No podían escucharse mis gritos? Aullaba como si me hubieran arrancado la lengua y los dos brazos (con ellos quería sostenerte) pero solo se oían los parámetros de humedad, oxígeno y temperatura. El latido metálico en la máquina. Tu corazón y el mío, empobrecidos, la máquina latiendo por los dos. En la turbina, en el depósito de agua, en la señal eléctrica 24 de 7 porque la vida no puede apagarse, ni antes ni ahora, en ningún dispositivo. Saltarían las alarmas y yo era ciega y sorda en el temblor, en el temor de ti, este amor desollado. Hijo desamparado de la madre, madre desamparada de Telémaco. Monitoreo y control en cada flujo, el humidificador en la frontera misma de las lágrimas.
¿Tenías los puños apretados para que no viese que te faltaban las uñas? ¿Me evitabas así ese dolor? ¿O era porque habías apretado un pedacito de tierra en el útero y no querías soltarla tan pronto? Exudábamos miedo como quien exuda el lenguaje. Entonces sí era muda, aunque luego haya olvidado que temblé. Aunque luego nos gritemos consternados cuando la ley escupe su carnaza, la madrugadora canción del desconcierto.
Pero si cuidamos la madre del vinagre o la sidra, la madre del timón y el tajamar o la madre de un río y de un arroyo —el río «Cuerpo de hombre» en que ambos nadamos y reímos—, ¿cómo ibas a pedir que me callara? Si olían a tabaco tus nudillos y yo pedía vuelo (o vuelco) hacia lo propio. Si ambos somos tiempo y somos tierra.
Cuando gesté, hablé contra la muerte. Cuando estuve grávida la tierra me llamaba a su abajo, a tenderme sobre ella y esperarte, aplastada en tu deseo de nacer. Mis costillas aplastadas, los riñones despiertos y aplastados. Vendrías con tu deseo de nacer. Grávida y encinta, ¿de qué cinta? ¿La línea del cordón sobre nosotros, a veces sorprendido contra el cuello? ¿Es que no me ceñías también tú? Incluso después de esa primera amputación de ti, se suceden los cortes del cordón pero siempre se regenera en lo invisible, es el primer animal invisible en lo visible. Gravedad y verdad han de quererse. Por eso, regálame tu nombre, he de ir a luchar a distancia porque yo también he perdido a los míos y debo marchar y retornar, caminar (y caer) sobre el cordón tensado e invisible.
Cordel suavísimo que llamas cuerda floja. ¿Pero no es la más tensa y así logra resistir tanto peso? ¿La que aferra y desata nuestras manos? ¿No estoy tejiendo siempre cordón umbilical? Esa línea de sangre nos reúne. Nos muerde y acaricia y se derrama porque habla siempre en todos los acentos. Cuando dices cuerda floja brilla tu adolescencia en la sonrisa metálica, algo herida, que disciplina deseos y dientes. Esa raya que asalta el cuaderno escolar y sostiene un amor imperfecto y hermoso de 24/7, hijo mío, Telémaco de mí.
Cortocircuito alegre que no cesa.
Mascarón entregado a la ventisca que moviliza el sol de los fragmentos.
Poesía
Haciendo fila en el Registro Civil de Teatinos
José Agustín SilvaHaciendo fila en el Registro Civil de Teatinos,
escucho las historias de una antigua expromesa del fútbol
que dedicó su juventud a jugar en el estadio San Eugenio
del desaparecido Ferrobádminton:
Jorge «Coteco» Ordoñez,
mediapunta del plantel
que llevó al equipo santiaguino
a la élite del fútbol nacional,
era además, aficionado a la poesía.
En el verano de 1981
un incendio redujo a cenizas
el estadio de la calle Subercaseaux.
Se encontró en el lugar del siniestro un cuaderno
con poemas firmados por el volante.
Poesía
La otra
Ana Cano Pina¿Quién es esa que sonríe al extranjero?
Continuamente olvido su nombre.
Se apoya en mis cuencas asegurando la calma,
atiende los deseos
con una amabilidad casi creíble.
Si me crecieran plumas
sabría qué hacer con la boca
pero ella me releva en lo diminuto.
Mientras cuelga los abrigos
y acomoda a los señores en sus mesas,
yo soy la semilla en el borde de la encía
esperando la luz.
Poesía
Metzgerei
Ignacio Pérez CerónVeo las nubes blancas las grises las negras
la casa de campo un arbolito
me llega
el olor a queroseno de los aviones
y a mierda del abono
A lo lejos
una vaca pasta detrás de un arado
—las vacas tiene cuatro estómagos
pero no conocen la palabra vientre—
aún lleva el abrigo de piel
pegado a los tendones
Mi madre me ha dicho
que vamos ya a la mesa
que hoy cenamos carne
yo le digo adiós a las nubes al arbolito
al queroseno a la vaca al abono
bajo la persiana y me siento
frente a la muerte
en el plato
Poesía
Perro
Pedro CepedalAparece en el título y la primera frase y cierra el primer párrafo
Un Pomerania blanco precede a una señora joven por el muelle
Dimitri Dmitrich Gurov lo llama y acaricia y habla con la joven
Pasean y se besan y se van al hotel y siguen paseando
Y Ana Sergeyevna vuelve a S con su marido y Gurov a Moscú
El Pomerania sale una vez más en la puerta de la casa de Ana
No lo lleva la joven y Gurov no se acerca ni recuerda el nombre
No emite ni un ladrido
Después la historia sigue algunas páginas y termina
Poesía
Isla
Patricia ÚbedaParece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.
Fabián Casas
En la isla los niños no están aburridos.
Cuentan los minutos
en que tardan los cuerpos en descomponerse.
No les impresiona el hecho
de que los huesos se amontonen sobre la arena.
Parecen nidos:
tarde o temprano vendrá
una pequeña ave para formar una familia.
Poesía
Niños de cristal
Víctor Simón Ruiz«Licenciado vidriera,
¡qué fácil es romperte en mil pedazos!»
cantan los niños grandes
«¡qué pronto explota tu cuerpo si lo golpeamos!»
ríen los niños grandes
«¡incluso se agrieta con nuestro aliento!»
silban los niños grandes
…ahora que el viento les pertenece.
No saben que el aire tormentoso de los tiempos
pronto cambiará su rumbo y entonces…
todos querrán entonces esa firmeza clara,
esa etérea y brillante solidez
del cristal de los niños.
Así nos llaman:
niños y niñas de cristal voluble,
criados con la leyenda del frío,
resistiendo desde la destrucción.
No debéis preocuparos.
Sabremos construir otro mosaico,
cuando el mundo que nos legasteis
nos rompa —a todos— en mil pedazos.
Poesía
III
Clara Garrido Tamayome acurrucó Santa Teresa de Ávila
Mi cuerpo entero,
una cueva cerrada.
Los niños dentro gritan:
¡Eco, eco!
Retumban en mis manos,
en las rodillas.
Si mi piel fuese piedra,
estaría desquebrajada.
Poesía
cómo evitar
María Fernández Albarracíncómo evitar
el ladrido que acecha
la llamada inexorable
que atrapa
tener la determinación
de tomar con la mano fría
los genitales podridos
de desencadenar tanta muerte
Poesía
Mística de los hombres de la basura
Iván Onia ValeroNos despertaban muy de madrugada
aquellos hombre sucios, sostenidos
como del aire en su viejo camión.
Olían mal, hablaban solo a gritos.
Este trabajo es el peor del mundo
—decía mi padre—.
Yo quería ser como ellos.
Patricio Húcube
Una tarde dejé de ser un niño rubio
y me puse una cáscara de plátano
en la cabeza
—todo es siempre ayer si lo recuerdo mucho—.
Soldados de mi infancia,
traed de nuevo la madrugada
y una estrella amarilla como un faro
para los marineros que en mí cantan
la salve del primer insomnio,
porque quiero ser otra vez el rubio
que nunca duerme y con vosotros sueña.
¿De qué francia venís, hombres morenos?
agarrados a las crines,
surfistas de mi barrio.
La luna es una pandereta de atún
que echáis a las ballenas.
Nunca se sacia la reina de la noche:
cabezas de sardina, tibias de pollo,
medio yogur, lentejas del país de los martes,
ubres vacías, kilovatios-hora, esa oscuridad de los pobres…
Todo lo traga con un ronquido materno
esta madre de nadie
que siempre quiere más, me quiere a mí
que os miro desde mi ventana y os estoy queriendo.
Mañana,
mañana contaré a todos que he visto
a los hombres naranjas y brunos
detener un camión con sus voces
delante del hueso de una ciruela.
Mañana quiero ser igual que ellos,
como estos hombres que me han regalado
un sombrero blando
y bruñen hasta que existe el día,
y limpian para que amanezca.
Los fabricantes del agua,
que traen entre sus guantes
el huevo con el gallo dentro
que cantará cuando el futuro sea.
Poesía
Leyendas antiguas
Sara Madrigal CastroIndicaron con el índice
acusador de tiempos pasados
un claro entre los castaños.
Excavaron como pudieron
interrumpiendo sus quehaceres.
Allí, en ese suelo pelado de vida,
se reunieron por fin.
Sus manos, fórceps pertinaces,
se introdujeron
en esa tierra,
y esta parió formas.
Estaba inquieta la tierra,
fuego que prende en la copa de un árbol,
trémula.
Habló en nombre de las infinitas formas nacidas inconexas,
quebradas.
Ataifor, jofaina, alcuza.
Verdiazulados pájaros panzudos brillaron
al contacto con las manos mojadas.
Entonces entendieron.
Miraron sus manos
ensangrentadas de vida;
también la tierra,
exhausta.
No eran leyendas antiguas.
Poesía
Cimientos
Fran SeisdobleHay personas que sólo saben construir
y construyendo llevan toda una vida.
Desconocen el poso de las palabras,
la matemática oculta de los diarios,
la estructura primera de la carne,
pero saben el amanecer exacto
de cada sol, cada pilar, cada tribu,
qué abono y guía para cuál simiente,
intuyen lo que late bajo el silencio,
qué dolor relatan arrugas y cantos,
cómo fundar olores al mediodía.
Habitan la lengua tangible del pan.
Erigen casas, olivares, gallineros.
Comparten cada porción de sus entrañas.
Hay personas que sólo saben construir
en la mirada callada y apacible,
en un sumo y diligente acto de amor.
Poesía
reglas para diferenciar entre un poema y el agua
Iria Fariñas1. dos cosas se multiplican detrás de un acuario:
el silencio y las eses
2. las eses alteran a los peces excepto
cuando las pronuncia una sirena
3. de vez en cuando las excepciones son normas
4. los acuarios en sequía se convierten en urnas
5. el misterio de las urnas es su ausencia de corales
6. los corales son bosques de piedra
7. el segundo pulmón de las serpientes no sirve
para respirar
8. lo aleatorio es una dictadura
9. la velocidad de los animales es inversamente proporcional a la
duración de su vida
10. se pueden extraer tantos significados como se quiera
de un significante, solo hace falta imaginación
11. but significa oposición en inglés y finalidad en francés, en cambio
causa se escribe y pronuncia igual
12. la escucha inventa razones que encajan en los huecos
13. las perturbaciones se magnifican cuanto más pequeña
es la pecera
14. meter la cabeza en una pecera la transforma
en escafandra
15. tener la cabeza en las nubes conlleva dificultades
para respirar
16. el sueño se parece al segundo pulmón de una serpiente
17. el surco de una serpiente y el de un verso
no se diferencian en gran cosa
18. la búsqueda de paralelismos es un intento por crear
una red con los significados
19. la imaginación entonces significa extender la red
para que nunca termine de tejerse
20. ningún nudo puede apretarse del todo
21. en definitiva, los poemas viven en el hueco que queda dentro de los
nudos
22. ningún poema puede terminar con un en definitiva
23. ningún poema, a diferencia del agua, puede terminar
Poesía
si soy ye pa que’l cuerpu mi güela dure’n mí // si soy es para que el cuerpo de mi abuela perdure en mí
Bárbara Arangoheredera’l panteón d’encaxes brancos
e una diosa sufría qu’habita’l cuerpu acristalau
llenu plantes (inerte — inherte)
dend’antes da memoria.
primoxénita d’un amor atayáu
n’alcordances afaraes n’una naturaleza rota
en cartes caducaes
d’espionaxes malograos, espeyos y llantos.
voi morrer sentá nun tronu dorao
vilo
canes y escayos coronarán meu rostro
perdíu nel reflexu d’un xardín del norte.
(¿inda ei querei mais?
no esiste.
esta llingua
ta morta)
heredera del mausoleo de encajes blancos
y una diosa resignada que habita el cuerpo acristalado
lleno de plantas (inherte — inerte)
desde antes de la memoria.
primogénita de un amor frustrado
en recuerdos devastados por una naturaleza rota
en cartas caducadas
de espionajes malogrados, espejos y llantos.
moriré sentada en un trono dorado
lo he visto
canas y espinas coronarán mi rostro
perdido en el reflejo de un jardín del norte.
(¿vais a querer más?
no existe.
esta lengua
está muerta)
(traducción de Bárbara Arango)
Poesía
pacto
Paula Pérez Reydesde fuera
has oído mi sollozo,
te ha golpeado en la carne:
dejadme delirar así
atentar contra mi cuna
en todos los muros está escrito:
será bajo techo la primera infamia.
desterrado de la cadena alimenticia
solo escuchas la furia ajena.
no podrás caminar más
sabiendo que el linaje no nos unirá nunca.
te niego el placer
de gritar a tus entrañas:
no te clavaré el puñal
ni levantaré mis ojos hacia tu frente.
cómo podrás soportarlo.
ni si quiera te veo. jamás
te he visto.
nunca podré renegarte:
morirás en mi puerta
esperando inmóvil
la traición de la sangre.
Poesía
Legado
Ramiro Gairín MuñozEstos anocheceres de verano
que olían a los siglos del futuro,
a unidades de tiempo solo propias
que llegaban de lejos, caminando;
esta luz que no puede originarse
en el mismo lugar que la mirada;
este peso del cielo
que empujaba absorbente desde abajo,
son el primer legado
que, sin saber muy bien cómo explicártelo,
pasará de las nuestras a tus manos.
Serán en ti animales obedientes,
y en nosotros cristales de bolsillo.
Poesía
Necropastoral 2
Aitana Monzónhay que partir del fuego
para entender el fuego.
para escribir una casida que sea
otro retorno más
que el retorno a la ausencia.
de nadie es mi canto
oh, nombre que habito,
fueron los verbos un higo
preñado de jarchas,
mas yo no tengo verso que entregarte,
ni lumbres ni belleza.
si en una palabra cupiera un mar,
en una boca un lugar antiguo
y en un canto una zagala vadeara
sus alondras desiertas
para entender el fuego.
si pudiera decir que mis manos que
este amor quiere entender el fuego.
me entrego a esta nada que ocupo.
soy un olivo y vuelvo
a tu noche difícil.
sabré de dónde vienes, horizonte,
lugar,
beso lejano.
hay que partir del fuego para decir
el fuego.
sabré
dónde buscarte,
libertad.
Poesía
Este pájaro sencillo, este pájaro común
Mario Amadas SainatiSe ha acumulado la nieve en el campo.
Hace un frío diáfano, permeante.
Ayer se arrojó una pareja a las vallas electrificadas
y no cayeron al suelo.
Los barracones contrastan con la nieve blanca
esta mañana en la que se nota el silencio.
Detrás de mí, los hornos crematorios,
el humo lleno de voces.
Cerca, por una ventana, se ve cómo asciende,
de esa taza de té,
otro humo en suaves, soñolientas curvas,
sobre la mesa del uniformado, que, satisfecho,
repasa sus registros.
Todo está en orden.
Afuera, casi sin hollar la nieve del patio, hay un pájaro,
este pájaro sencillo, este pájaro común,
que, con su par de aleteos
se aleja de todo,
por encima del alambre
hacia los árboles y la luz del sol.
Poesía
Cordero
Carla Romerotropecé con el Amor
justo donde no debía encontrarse
– en medio de un altar –
aterrorizado y temeroso de los hombres
que le sujetaban sin preocupación por
daño que podrían causar sus manos
pequeño como yo
así estaba el Amor
– en medio de un altar –
Poesía
La casa del padre
Carlos García MeraUna herida se abre
desde el bronco silencio de tu cama.
Me hablas con voz de valle, sumergida
en cera de candil.
¿Qué lengua balbuceas
y yo no entiendo?
¿por qué siguen abiertas estas úlceras
si pongo sobre ellas todas mis flores?
Tu dolor es antiguo como el polvo
que se levanta en los caminos
cuando se agolpan los rebaños
y las agujas de las tobas sajan
el vientre hinchado,
la ubre seca:
la sed de los borregos.
Dime si de este barro
he logrado ser lodo,
fermento de tus días.
Si he de albergar
—escrito está sobre la piedra—
tu misma herida.
Por qué no has sostenido con las manos
los muros de tu casa,
por qué aún abrazas los escombros
si ahí
ya no estoy yo.
Poesía
la ruptura
Inma Mirallesla ruptura (A)
no tiene que ver con la inocencia ni con la fe
en un instante
el tiempo se solapa con el tiempo:
esa eres tú saliendo al balcón
de una casa que ya no es la tuya
viendo a quién esperándote abajo
en la plaza concurrida
alimento
vidas poco relevantes
palidece la importancia de quien come
respecto de quien espera:
te sonríe, conecta con tu herida
toda sana ahora hasta el final del fruto
guardaremos este instante
hablaremos a nuestros nietos de
el tiempo es un hijo de puta
grande y sádico rostro:
aquí estás tú girándote en la cama
viendo a quién
girándose en la cama hacia ti
(cuántas veces te has girado en esa cama
para mirarme
antes de la muda de piel
mansa yo
agujas ahora
despojo y escama)
deseas la recurrencia de estos ojos
permites al tiempo solaparse y se despliega:
estas son las manos que me gustan, dice quién
esta es tu cintura rodeada por mis brazos
te alzan
decenas de anillos dorados, tu cuello curva nuclear
no tenía que ver con la inocencia.
la ruptura (B)
en la habitación con paredes de yeso
frente a frente
espacio abisal
y ausencia de palabra
cómo se pudre la materia en el silencio
la entropía actúa sobre todo lo vivo:
arrebata la pátina de rubor
el esmalte dental
reseca la película que reviste cada córnea
pequeños visos lo cubrían todo
pequeños visos ahora alzados
y la muerte
ahora.
la ruptura (C)
el aquí se vuelve lago sólida te hundes, ralentizada
por este aire que no es agua
sino espeso depósito de peces
muertos, como láminas yacen
limo milenario
también a ti te ha sorbido la piel el propio
hueso, célula deshidratada raspa el pómulo
momia vigente
en caída libre hacia qué
nadie te encontrará y eso te alivia
pero hacia qué caes
y cuándo el lodo esponjoso
donde mansa reposar tu rala cabeza
ya mudada.
Poesía
ojalá me tiren a mí también un bote de salsa de tomate por encima
Pablo Baleriolano sé si alguien tomaría alguna
parte de mi cuerpo y la usaría para
darle relevancia a otros problemas
más urgentes que los míos.
si alguien lanzaría sobre mis costillas
o mi abdomen o mi espalda un bote
de comida preparada tipo baked beans.
un bote de pintura permanente
o colorante líquido en mi cara porque
yo sinceramente estoy cansado
y me entristece ver mi carne triste
siendo el target de un deseo individual
totalizante. estoy cansado y me molesta
ver los días sucederse como mails
publicitarios sin abrir en mi bandeja.
por favor tan solo pido que se me utilice
para hacer de mi corporeidad un ruido
de cansancio un código legible cualquier
parte de mi cuerpo para convertirla en
una imagen clara en un instante de peligro
que consiga hacer visible
lo que yo nunca he podido.
Poesía
El amor es algo polimorfo
Javier Navarro-Soto Egeanuestro amor podría ser
entonces
una casa de colores en la que se respirarían muchísimos olores
como pan recién tostado
chocolate recién hecho
cosas con azúcar que los diabéticos pudieran probar
aunque fuera solo un poco
nuestra casa tendría
además
las paredes de ladrillo rojo
y las ventanas circulares
habría un jardín muy grande ante la puerta y a los lados
puede que también un poco de hierba por detrás
quizá un lago donde los patos pudieran bañarse en el verano
y que inspiraría poemas adolescentes que se preguntan
dónde se marchan los patos en invierno
en nuestra casa siempre habría ruido e invitados
alguna abeja haciendo zzz
alguna persona que se desvía del camino del bosque que hay a dos kilómetros y llega a
nuestra verja y nos pide algo de comida
un poco de té
y nos cuenta una historia maravillosa mientras tanto
en nuestra casa también habría música
canciones en idiomas que no conocemos y que sin embargo suenan conocidos
tal vez porque despiertan sensaciones conocidas
emociones que se describen con palabras bonitas y agradables
que suenan bien y explotan en la lengua
je t'aime! i love you!
y que reinventan el lenguaje
porque de pronto explotar no implica nada de violencia
nuestro amor podría ser también un perro
un gato
cualquier tipo de mascota
podría ser
incluso
si quieres aunque yo no quiera
un niño con los ojos de colores y los rizos muy dorados
nos sentiríamos probablemente muy orgullosos de ese al que llamamos nuestro hijo
y lo llevaríamos a la escuela más cercana
donde aprendería matemáticas y lengua pero también a querer a las personas
aunque llevaría ventaja con respecto a sus compañeros
porque ha aprendido ya algunas de esas cosas
en su casa previamente
las profesoras lo describirían como un niño aventajado
y tendría muchos amigos y muchas amigas y también muchos animales
que se posarían en sus brazos por las tardes cuando él fingiese ser un espantapájaros
mientras nosotros le preparamos la merienda
ese al que llamamos nuestro hijo tendría algún nombre rimbombante
algo así como arthur o tal vez jeremaia
y llamaría la atención allá por donde fuese
en la calle la gente nos detendría para decirnos
hay que ver qué guapo es
hay que ver qué suerte tienen
y nosotros sonreiríamos y diríamos sí
lo cierto es que estamos bastante contentos con el pequeño bicharraco
y les enseñaríamos fotos de cuando era un recién nacido
fotos de cuando sea un poco más mayor
fotografías de cuando sea adolescente y escuche canciones que nosotros no entendemos
y que hace un tiempo sí entendimos
aunque ahora nos preguntamos si de verdad podemos decir que comprendimos algo
si luego lo hemos olvidado
y fotografías de cuando sea ya un adulto
con título respetable y un trabajo seguro que precario
nuestro hijo inventado
que se llamaría arthur o tal vez jeremaia
aunque para nosotros siempre sería el pequeño bicharraco
nos miraría con las manos manchadas de barro los fines de semana
y nos preguntaría por cuestiones sencillas
que sin embargo a él le parecerían sin duda existenciales
qué es la distancia?
qué son los kilómetros?
se cuenta con números o con kilómetros?
se cuenta con números u horas?
dios existe o son los padres?
el amor existe o sois vosotros?
si el amor fuera de verdad algo polimorfo
nuestro amor podría ser
entonces
algo cambiante y aleatorio
podría ser por ejemplo un parque con árboles de sol
una flecha dulce de un ángel salado
podría ser un pez en la boca de un humano
o un humano en la pecera de una esponja
nuestro amor podría ser algo que adquiere una forma diferente
a cada segundo que pasa
una luz muchas luces
un grano de azúcar un pellizco en la mejilla
para así seguir ruborizado
muchas piezas de un puzle que cambian todo el rato de forma y posición
y que se desplazan a toda velocidad sobre la mesa
pero que aun así
de algún modo
siempre consiguen encajar
Poesía
Myiopsitta Monachus
J García LópezWe usually try to shoot films where you don't get the impression that human beings
are the center of universe.
Jean-Marie Straub
los plátanos que nacen y ya están al revés
y la niebla que aparece puntual
una vez al día
suena una campana —una sola—
en una iglesia lejana
la isla se crispa un instante y después
se calma espera descansa
como un cocodrilo en la tarde amarga de resentimiento y cal
de amor empobrecido
mientras la luz se va marchando en fuga infinita
y el cielo amarillea como la fotografía de un viaje
nace una lluvia jurásica y gris
la idea de saltar desde uno de estos tajos
a veces
¿cuál es la altura de esta isla?
me miran con ojos negros
desde el suelo hidráulico los animales
mapaches y reptiles extrañados
las cotorras que –tanto empeño–
quieren extinguir en Madrid
los tilos quizá un día
se enreden en la garganta
no exista la voz sí el aire
Poesía
en el tiempo del lenguaje no llovía
María de la Cruzen el tiempo del lenguaje no llovía. palabras como mundos desplazados. los espacios del poema solo son continuidades. lo que fue ya sido ahora te circunda, regresa para no estar realmente. vuelve a ti como un gesto que ya no recuperas. pero al menos sonidos que explotasen agotados y una última violencia. un barrido de horas. todas las posibilidades. porque deshechas de sentido, llenas de aire hablábamos
***
detrás de ese verbo algo estallaba. y la oclusión, pensamiento roto. una cuerda que al fin cedía. una extrañeza. cansadas girábamos el cuerpo. era preciso ser lo que otras tanto, y líquidos reptiles, y vanos en el discurso o aros de fuego. cansadas meditábamos el cuerpo y los futuros, las particularidades, sus colores remotos. hilos de luz como único esqueleto. el ojo una coraza. cuando era lo atendido que crecía, hinchado. lo que era siendo visto era dos veces
***
curadas de atenciones o luces remitiendo. ¿domados tus ojos de cierva, tus zanjas, tus cristales? fuera de este espacio, fragmento de fragmentos, imagen acusada, hueso frágil. curadas de atenciones y salvajes afilamos el tono, las costillas: ¿dónde estabas? si el lenguaje creara el movimiento. en algún lugar del mapa llovió. y apareciste
Poesía
sé que me mira
Andrea Abello[…]
sé que me mira como yo puedo escucharla
antes de irse entrega unas llaves que flotan
se va a perseguir el capricho de copiar el rostro coronado
de sol alguien vendría algún animal
a las molduras del pórtico cerrado a los relieves de bocas entreabiertas
a poner sus huevos
ha atravesado el confín de la pradera hacia dentro
lleva reliquias de metales bárbaros en cada brazo lechoso
viene marcada de púrpura
los ojos en la madera agujeros muy pequeños
y muy llenos la reconocen juzgan su cautela
ha atravesado el fondo laxo la burbuja frágil
sus dedos se deslizan de planta en planta recogiendo la savia
y la salitre y la calima hollando la maleza en su caricia
es una estación sin animales que sí poblaron cuando había
las arañas dormidas van parpadeando dentro
nadie dormía todas estaban atentas mucho tiempo
no tiene miedo las conoce
tal vez cambiaron cuando se derrumbó la cúpula
desde el otro país oyó noticias los cristales que formaban el bendito rostro
barridos como arena a través de los salones
sigue la alfombra de hongos parpadean venenosos y simpáticos
ha tenido a bien y está descalza y las pocas criaturas la van reconociendo
primero la caliza los estambres caídos los saquitos rasgados en montañas
que no sirven de mucho
el bendito rostro más adentro el otro
también parpadea en la piedra y emite luz
diurnos y nocturnos se aproximan ya nada en el lugar la reverencia
ni se rinde las pocas criaturas han plantado madrigueras y diademas
y tienen sus propias reinas
le llegan de ventanas rotas los primeros olores del otro lado
¿qué es lo opuesto
al olor a cripta?
viene sola creyendo
que bastará abrir las ventanas cantar un poco
marchó y llega con un oficio
quiere erguir los pesados tablones ofrecer
compasiva dulce creía
marchó y llega con el gran lugar
con metales por el cuerpo
cubierta de grava de perlas de perfumes
cubierta de polvo creyó que ahora podría entregar la saeta
los restos de la herida al pan de oro
antes de entrar porque piensa sepulcros se cubre la cabeza
las pocas criaturas ladran los dichos familiares
pequeña se arrodilla posa sus corazas al suelo
se deja lamer y mordisquear los brazos las fieras la conocen
huelen a haber abrevado en charcos sin lluvia
olfatean los restos del agua sagrada del óleo
buscan lenguaraces topar carne
rasgan el morral enjoyado se derrama
festejan atacando el papel los lomos las cubiertas
lloran buscan de nuevo sus brazos ella suspira
dejándose morder
despierta entera los aullidos
si alguno de los astros se moviera sería de noche
si algún retrato amigo la llamara
doce bocas
quizá doce
se susurra la arrastraron de nuevo al pie
sus metales tan benditos desperdigados los recoge
recorre las bellas cornisas los rostros que intuye en las ventanas
proyectados los arcos que guían los aromas por los pasillos
aún no se acostumbra al aire fresco
se compone recoge los tesoros como puede
abandona el llanto hambriento de las fieras
la linde de mofetas tiernas y los conejos
que ya van recordando y van saliendo
piensa que abrirá las acequias que tal vez así salga
más la luz
Poesía
Yo quiero de la fiebre
Cristián PinéYo quiero de la fiebre
Yo quiero de la fiebre
su lenguaje de espasmos estas veces,
las hubo, otras, reciclé las perlas del vómito,
las décimas en su miserable cota,
—qué pocas
sacudidas hacen falta,
muy pocas,
y hacen zanja
con solo estar ligeramente triste—
querría, mejor dicho,
devolver este calor a sus legítimos
orbitales. No nos conocemos,
no sabemos las probabilidades
de que estés enferma o cerca.
Poesía
Cuando oí el relincho de la yegua me dio gran temor al principio y no hacía sino llorar
Andrea NavacerradaCuando oí el relincho de la yegua me dio gran temor al principio y no hacía sino llorar,
aunque, al oír mejor, me quedé como solía, quieta y con
regalo sin miedo. Me parecía andar siempre a su lado derecho y como
no era imaginación, no veía en qué forma no podría estar junto a ella,
lo sentía muy claro
y que era testigo de todo lo que hacía, y que ninguna vez que
me entristeciese o no estuviese divertida podría ignorar
que la yegua estaba ahí más clara que el sol
que era amiga bien tallada, ornada y presencia que nació y se
puso sin entrar desde el exterior
Fue creación que no se entiende pero aquí sí
Es por el oído que llega. Solo queda escribirla
Poesía
Expulsión de Mitilene: una aproximación histórica
Alejandro Gómez MasdeuLa genuflexión de los cuerpos sin rostro hacia el cetro germinó la génesis de la consciencia. La formación de una construcción de marcas de piedra en el lienzo del malforme. Todas las estrellas fugaces de las Perseidas talladas a fuego y fuerza en su piel hasta cubrir los cuerpos de estaño, lágrimas y óxido para formar una frontera entre ellos y los lobos con dos cuerpos y una cabeza. El aditamento de la articulación de la unión de ambas palmas de las manos en señal de súplica al beso al anillo del tirano sin piel supuso el fortalecimiento de aquel peltre que servía de asegurador de su profusión. La división atomística del hormiguero en forma de espiral. Las habitaciones propias que jamás hubieran podido compartirse por la intransigencia robusta de la madera que golpea la sacrílega aleación de los fluidos y abluciona el deseo. La disección de la identidad: experimento de crueldad y cable y bisturí. La lobotomía de todos los órganos vitales de la evocación. La invención de asechanzas para hacer creer a la negra magnolia de vientre abierto la posibilidad de piel del disfraz de margarita. El aceite hirviendo. La cartografía del deseo de los cuerpos en anacrusa con el latido exacto de lo transitable para su moldeo, practicada desde el alumbramiento del heresiarca cuya mirada se desviaba del ángulo exacto de la docilidad impuesta con zarcillos, como la de los perros que nunca llegaron a ser salvajes. La hoguera. La verdad unívoca que se acabó demostrando execrable y fue finalmente condenada a la proscripción y el sepelio. Perjuraron encomios lisonjeros antes de detonar la bomba sobre las ortigas, los caminos, los helechos. Penínsulas, caminos, marismas: fábricas, carreteras, imperios. El aceite de ricino. Florearon su epidermis con hierro ardiente. Perfeccionaron la técnica de la cinegética y mandaron a perros hambrientos sin ojos a buscar entre los descampados guiados por el olor de naipes manchados. Clavaron las estacas y estas se tornaron cuerpo. Las heridas profundas fueron hechas con cuchillos dentados para que así se desgarrara la piel. La pleitesía y la clemencia suplicada en vano. El pago del diezmo. El retraimiento de las multitudes que clamaban en busca del noúmeno brillante. La incorporeidad de las decisiones se mostró con el conflicto. No existía la belleza, sino la inverosimilitud de la batalla entre los dos extremos asimétricos separados por el rayano; quién hubiera podido creer que aún, aún nos viéramos en ella. La mirada caritativa de la pupila negra de oro cubierta. Los labios marcados por cada beso dado a los anillos del sátrapa. Los empellones; la horca.
Poesía
Bisontes [3]
Eva Galludvienen los bisontes a enseñarme la vida
a que me ensañe con ella
a poner a un lado la muerte
observarla como a una piedra de cuarzo
brillante e inevitable
como un accidente nuclear
vienen los bisontes y recortan la hierba
que crece alrededor de mi cuerpo
barren con sus barbas
la tierra de mis huesos
mientras gira una sirena roja
y los bomberos acuden en mangas de camisa
todos corren
ha estallado
la vida
viene a buscarme
Poesía
Fuente sonora
Rafael Vidal SanzLos sonidos me abren como un fruto.
En ellos deseo asaetarme.
Las llagas de una voz hueca en la nuca
allanan el oído y dejan huella,
herida de amapola.
Hay cigarras en los dedos cuando pesan.
Escucha:
juntos somos como un canto
si nos desvanecemos.
Poesía
Ángelus
Beatriz Miralles de ImperialEscucha el oro
que canta y desnuda
eso que hace la luz a mediodía.
De hilo blanco
me ha prendido,
de este gorjeo
su transparencia.
Poesía
XI
Patricia Figuero CorreaMe dicen que me limpie el rojo que tengo entre las piernas, que parece que aúllo, que sucia cuando trato de recomponerme la falda, de alisar sobre mi pecho una cabeza de faisán dibujada en la ropa, me dicen: así nadie te va a querer, y no saben que el desastre es otro, es no poder reconocerse en la belleza de lo frágil, es hacer un ramo con flores de plástico o construir el placer con restos de mugre. Hay tajos que estaban allí antes de que yo llegara y quien pone piedras sobre mi sien nunca ha hecho del tacto su vuelo ni ha sangrado sobre la mesa, dejad que yo reconozca mi corteza y enjugue con avidez la pus del hijo que no engendraré, ¿no veis que tengo miedo de quedarme rezagada, de que mi pelaje entienda la esclavitud? Ahora doy vueltas a la circunferencia y a veces me escondo a cuatro patas entre los matorrales, allí agazapada lamo mi sangre cuento un secreto: hay niñas que saltan con fiereza sobre las sábanas de sus padres y les hacen el amor para reclamar todo lo que es suyo, niñas que matan a golpes a sus hermanas para ser ellas la hija única, después, todavía exhaustas, aniquilan gladiolos en la primavera y buscan la cama con el dobladillo perfecto para hacerse pis encima, y qué esperabas si cada vez es más difícil distinguir entre la voz y el eco, si la huella retuerce el rostro y la seda rosa desgarra la frente en sus pliegues amoratados, qué esperas si hasta un hijo te pueden quitar si a plena luz del día, la cuerda.
(…)
No hay certeza, aunque las flores se empeñen en ser ellas mismas a ti no te basta tu fertilidad para sostener lo derruido, un vientre hueco no debería ser la medida, como tampoco deberían las brasas anestesiar el pálido, pálido, himen.
(…)
Un resto de sangre es un grito que es un territorio de conquista que es un templo.
(…)
Cuando cada mes llega la hemorragia febrilmente escupo y soy la saliva en el rezo, soy los dedos que tocan y ahondan y la caricia misma, un flujo irguiéndose como animal sangrante, de las tormentas entiendo el remolino que refleja el violento juego de las estaciones, de los espacios vacíos, el breve milagro de existir, una mancha apenas.
(…)
Decían los hombres antiguos, desde el púlpito expoliado, que el flujo menstrual tornaba las cosechas yermas, volvía agrio el vino y hacía a las abejas morir, decían todo esto y acto seguido castigaban el cauce y dibujaban con sus cuchillas el contorno del dominio. ¿Intuían ellos que las abejas susurran o que es posible dilatar la señal, tensar la víscera sobre el altar dorado? ¿Intuían que el peso de la sutura no permanece para siempre? Ahora chillo mi asombro como chillan las liebres al borde de la carretera, y acudo al estanque con mi vestido blanco levantado hasta la cintura, allí con mi perlada sangre derramada sobre la hierba espesa aniquilo las plagas y canto mi estigma, no como voznan los cisnes justo antes de la muerte, sino con la boca en vilo, anhelando la caricia de mis hermanas, su alegre insurrección.
(de La fisura entra por las manos)
Poesía
II
Cecilia Silveirallegaré cuando salga
espero colgando
de espaldas a eso
con las manos atadas
moviendo las sombras
sobre ese lienzo
por debajo de mi aliento
que espera
para abrazar mi parte visible
cuando el hilo se afloje
la mirada irá primero
tendré contacto con lo blanco
el resto será una repetición
estoy determinada
por lo que ocurre en el entorno
aún así
soy capaz de oscilar
algunos milímetros
en mi terreno aireado
es el único suceso
que me mantiene
en el aire
y a ellos por debajo
y expectantes