Poesía
Está la mesa dispuesta
real tan solo porque
la ilumina una lámpara.
En ángulo imposible, o casi cenital,
acaso evocador de ángulos inciertos del postimpresionismo:
los boles, la vasija, los vasos, los cubiertos.
Una mujer cansada con ojos de tiempo y hastío
que ama tal vez otro cuerpo que piensa quizás otras manos
ilícitas. Al menos, para esas otras manos, proyectando
una sombra
vertical.
Y sueña con caudales de río buscando el mar
en un vestido verde que solo el ornamento
de lámpara acompaña:
es decir la luz o la salida, en cambio.
La sala está cerrada, es tan cerrada es
opaca amarillenta
no cálida, sino
fatigosa, oclusiva frente al rostro
febril de ese marido
que mira y si la mira
lanza desde cada ojo,
certero, un alfiler
que cruza que clava que deja
sujeto quieto el rostro
un rostro de mujer
al lienzo, ligeramente
torcido de tanta pintura
del peso del mejunje del ruido del lenguaje
Al fondo una ventana diminuta
permanece cerrada.
María Domínguez del Castillo
María Domínguez del Castillo (Sevilla, 1997). Han sido muchas las ciudades que. Lee, escribe, pasea mucho y mira el mar.