Poesía
Cuando oí el relincho de la yegua me dio gran temor al principio y no hacía sino llorar,
aunque, al oír mejor, me quedé como solía, quieta y con
regalo sin miedo. Me parecía andar siempre a su lado derecho y como
no era imaginación, no veía en qué forma no podría estar junto a ella,
lo sentía muy claro
y que era testigo de todo lo que hacía, y que ninguna vez que
me entristeciese o no estuviese divertida podría ignorar
que la yegua estaba ahí más clara que el sol
que era amiga bien tallada, ornada y presencia que nació y se
puso sin entrar desde el exterior
Fue creación que no se entiende pero aquí sí
Es por el oído que llega. Solo queda escribirla
Andrea Navacerrada
Andrea Navacerrada (Madrid, 1997) ha estudiado Teoría de la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente compatibiliza su trabajo entre libros con una tesis sobre lenguaje y voz en prácticas poéticas contemporáneas. Ha sido beneficiaria de una beca Injuve para la Creación Joven por el proyecto colaborativo Habitáculo.