Poesía
Las paredes blancas y sin personalidad rodean la cama casi vacía.
El cuerpo se le ha reducido a la mitad
y su niña es ahora madre,
madre de madres sin hijos.
La comunicación es vaga,
se le ahoga en la garganta, le araña la lengua
y el lugar que un día ocuparon los dientes.
Su cuerpo, ahora desconocido,
se encuentra desinflado,
agotado por el peso de la enfermedad.
Ella, vestida de verde, junto a la cama,
le cuida el cuerpo de vidrio roto
bajo la luz de hospital.
Su niña nunca lo comprendió,
nunca la dejaron saber de él;
un hombre reducido, inmóvil,
cadáver con aliento pesado y sometido a las sábanas.
Papá no estuvo mucho con ella,
no soportó la muerte de su esposa,
ni la vuelta a la tierra,
ni las fotos de viaje con los hierros ya fundidos en los campos de París,
ni la continua tristeza clavada en el semblante de la pequeña.
El terreno vacío del padre
nunca se llenó del afecto que ella pedía.
Los caracoles y las plantas silvestres
fueron sustituidos por el cemento que sostenía los ladrillos.
La casa se llenó de personas,
personas con otras niñas que robaban el afecto de las paredes
y le secaban el rostro surcado de lágrimas.
Las paredes se duplicaron,
las personas tomaron parte de la casa
y él y su niña quedaron apretados contra el techo.
La niña fue vasija de niñas
y ellas también quedaron apretadas.
La casa no soportó el peso de todos los cuerpos
y las paredes cedieron.
La memoria, retenida en los ladrillos,
borró su identidad y escapó por las grietas.
Las personas y sus niñas abandonaron la casa,
y el padre y la niña, ahora solos,
también dejaron atrás el vacío que no habitaba nadie.
Ahora, de vuelta en la habitación,
el susurro que escapa de sus labios ha perdido toda expresión.
Las manos no aprietan las de su niña
enfundadas en látex.
Él nunca quiso aceptar la caída,
y ahora comprende la ponzoña que supura
la concavidad de sus huesos,
el delgado cordón umbilical que lo une a ella.
La distancia los aísla,
las extremidades pesan
y ceden bajo las sábanas,
acercándolo cada día más
a su parálisis.
Ana Rocío Dávila
Ana Rocío Dávila. Sevilla, 1991. Actúa y escribe. Forma parte de la Cía. El temblor en diversos proyectos como Trágate un libro y La Tarara teatro, con la que prepara el próximo espectáculo de la compañía: Dismorfia.